La agrobiodiversidad es una derivación del término diversidad biológica que se refiere a la diversidad de seres vivos que aportan a nuestro sustento: alimentos, medicinas, vestuario, vivienda, combustible, usos culturales, entre otros muchos aportes.

Esa diversidad de vida que nos sustenta ha ido evolucionando, mejor dicho –inter-evolucionando, con nosotros desde hace miles de años. Es a través del trabajo de mujeres y hombres, que a través del tiempo hemos llegado a tener variedades de los cultivos alimenticios y razas de animales domésticos adaptadas a una inmensa gama de nichos ecológicos. Las distintas culturas desarrollaron metodologías para seleccionar y mejorar cultivos y razas, haciéndolas adaptables a las condiciones geográficas más diversas.

La Agrobiodiversidad se resume como: todos los componentes de la biodiversidad relacionados con la alimentación y la agricultura, es decir, las especies cultivadas y sus parientes silvestres; y, además, todos los seres vivos/componentes que contribuyen a mantener las funciones de los agro ecosistemas, entre ellos insectos, microorganismos, plantas y animales.

La agrobiodiversidad no podría mantenerse sin la intervención de las/os agricultoras/es. Han sido las comunidades campesinas las que han conservado especies y variedades cultivadas que ya hubiesen desaparecido o que se encontrarían seriamente amenazadas. La agricultura convencional ha provocado una rápida pérdida de la agrobiodiversidad.

La agrobiodiversidad tiene una importancia sin par en la seguridad alimentaria de las poblaciones. Buena parte de la economía mundial gira en torno al comercio de productos agrícolas. Históricamente, alrededor de los productos alimentarios y para la agroindustria, se ha generado una gran interdependencia entre los países.

El incursionar en la temática de la Biodiversidad y la agrobiodiversidad involucra aspectos sanitarios, culturales, económicos y socio políticos. Estamos convencidos que la Biodiversidad y la Agrobiodiversidad son la clave de la producción agroecológica, siendo el eje fundamental en el que se sustentan las economías locales, que no solamente garantizan la autosuficiencia alimentaria de sectores rurales y urbanos, la provisión de fibra y recursos energéticos, la generación de recursos económicos para las economías campesinas, sino que además contribuyen al reciclaje de nutrientes, la regulación de procesos hidrológicos locales (lluvia y disponibilidad de agua), la regulación de organismos indeseables para contribuir con la sanidad de suelos, vertientes y aire y contribuir con factores estéticos como la contribución en la arquitectura del paisaje entre otros muchos.

Para la incidencia en este campo se requiere el compromiso y concertación de esfuerzos de múltiples actores, que van desde el productor/a, pasando por el sistema educativo formal, hasta la generación de políticas publicas estatales e internacionales. En la gestión de la agrobiodiversidad se llevan a cabo diversas acciones, enmarcadas en una metodología basada en el diálogo de saberes.

Por esto la CEA asume su responsabilidad en la conservación y recuperación de la agrobiodiversidad, tarea que implica la defensa de la agricultura campesina, en contraste con el monopolio y propiedad de las semillas en poder de unos pocos, impulsando la investigación, recuperación, defensa y difusión del potencial que representa la agrobiodiversidad tanto a nivel local (partiendo desde cada predio), regional e internacionalmente.

Finalmente, se requiere que el Estado esté atento y actúe ante las consecuencias que la masiva difusión e imposición de semillas transgénicas podrían tener en el medio ambiente y los sistemas productivos agrícolas.